Caminar a cuatro patas no sólo significa ganar en movilidad. Aunque tu
bebé no se dé cuenta de ello y él simplemente disfrute yendo de aquí
para allá como un correcaminos, en el interior de su pequeña cabecita
están ocurriendo cosas muy emocionantes. El gateo favorece la relación
entre los hemisferios cerebrales y prepara la vista y la mano para la
fascinante aventura, no muy lejana, de aprender a leer y escribir.
Increíble, ¿no?
La importancia del gateo va mucho más allá de una
simple mejora en la movilidad del bebé. Su conexión con el desarrollo
físico e intelectual del pequeño lo convierten en un factor clave que
implicará y marcará el desarrollo de sus aprendizajes escolares y
extraescolares, entre otras muchas cosas. Vamos a poner un ejemplo fruto
de las investigaciones que Glenn Doman y sus colaboradores llevan a
cabo con los bebés: los bebés de cierta tribu del Amazonas, al no poder
gatear por el suelo (serpientes venenosas, insectos y cientos de
depredadores lo hacen muy peligroso) desarrollan un sentido de la visión
a larga distancia (focalizan más o menos a unos 15 metros), pero no son
capaces de hacerlo a distancias cortas (30-40 cm) por lo que su
capacidad de aprendizaje puede verse resentida. La visión de puntos
cercanos se desarrolla materialmente cuando el niño se arrastra y gatea,
y es la distancia a la que, un poco más tarde, el niño leerá y
escribirá. Por eso es tan importante el gateo, porque permite la
convergencia ocular de corta distancia, aspecto fundamental en el
correcto aprendizaje de nuestros hijos.
Verás como tu hijo avanza
Como hemos dicho, el gateo permitirá que tu hijo avance a pasos agigantados. Pero, ¿en qué dirección?:
A nivel corporal:
El gateo desarrolla la estructura de hombros, codos, muñecas, rodillas y
tobillos al estirarse-sentarse-gatear-sentarse-gatear-estirarse e
intentar ponerse de pie.
Al pasar por diferentes terrenos y tocar
diferentes texturas, el gateo desarrolla la sensibilidad táctil de los
dedos y la palma de la mano que le facilitará en un futuro el agarre de
objetos pequeños como el lápiz al escribir o pintar, o el tocar
instrumentos de cuerda o viento.
En esta etapa también tiene lugar
la maduración de la motricidad fina (manos-dedos) pudiendo coger objetos
con el dedo pulgar e índice de manera simultánea (tipo pinza). Este
movimiento es la base para que el niño, a la larga, coja correctamente
el lápiz en el inicio de la escritura en su etapa preescolar.
El
gateo armónico y continuado proporciona al bebé una capacidad
respiratoria superior que cuando está inmóvil, lo que aumenta la
oxigenación de su cerebro, y también facilita su capacidad respiratoria
para cuando empiece a balbucear o hablar.
El gateo obliga al
movimiento simultáneo del brazo y la pierna contrarios, situación que
favorece, a nivel neurológico, la interrelación hemisférica mediante el
desarrollo del cuerpo calloso (un canal de fibras nerviosas) que conecta
ambos hemisferios. Recuerda que cada hemisferio cerebral controla los
movimientos de las extremidades del lado opuesto. Por tanto, a más
gateo, la velocidad de interconexión entre hemisferios (intercambio de
información) será más rápida y eficaz. Un ejemplo práctico: le será
mucho más fácil coger apuntes a la vez que escucha al profesor.
A nivel visual:
Al querer llegar al lugar donde hay un objeto de su interés, y luego
cogerlo, le obliga a la coordinación óculo-manual (ojo-mano).
El
gateo es una clave de operaciones cerebrales muy sofisticadas, igual que
la lectura y la escritura, y ofrece una gran oportunidad para sentar
las bases del proceso de lateralización (determinación de la dominancia
manual, ocular, auditiva y podal) que finaliza alrededor de los 6 años.
Además, ejercita cuatro aspectos importantes en la visión:
1.
Ejercita su visión binocular: el cerebro utiliza las imágenes que
recibe de cada uno de los dos ojos y las fusiona en una sola imagen más
completa. El sistema es el mismo que cuando hacemos una foto panorámica
de un paisaje: retratamos el paisaje haciendo dos fotos consecutivas y
luego, una vez reveladas, las juntamos solapando los elementos comunes
(árbol, casas...) para obtener en un mismo plano una panorámica de este
paisaje mucho más extensa.
2. Desarrolla con gran intensidad la
visión estereoscópica, es decir la visión tridimensional que permite
apreciar los volúmenes (como ocurre cuando te colocas las gafas
especiales en las películas en 3D).
3. Se estimula la convergencia y
la acomodación, que permiten saber a que distancia está un objeto y
focalizarlo correctamente (como en una cámara fotográfica). Así el niño
puede saber, por ejemplo, lo profundo que es el espacio que hay entre el
sofá y el suelo. Este cálculo le permite intuir si es peligroso bajar
de cara o es mejor girarse y apoyar primero las piernas en el suelo. La
convergencia y la acomodación posibilitará en un futuro ver con
claridad, facilidad y rapidez las cosas que están cerca (en su mano, las
letras pequeñas de los cuentos, y las letras o dibujos de su libreta),
así como las cosas que están lejos (las letras o dibujos de la pizarra
que ha de copiar), alternando ambos focos sin problemas. Por otra parte,
saber a que distancia están los objetos y su volumen, le permitirá
poder cogerlos mejor y encajarlos con precisión en lugares determinados.
Por ejemplo, los puzzles, juegos de encajar elementos/formas, meter y
sacar cosas de los cajones que ya ha aprendido a abrir con facilidad,
etc.
4. Potencia la visión periférica, que es la que nos permite
orientarnos en el espacio, informándonos de los movimientos en el
entorno. Este tipo de visión es fundamental para los deportes de equipo
al tener que controlar en qué posición se encuentran los compañeros más
cercanos o apropiados para pasarles la pelota (fútbol, balonmano, etc.).
También le será muy útil en el futuro, por ejemplo para conducir, ya
que tendrá que controlar no sólo su vehículo, sino también los que le
rodean. Un sistema visual eficaz y rentable, será el resultado del
perfecto equilibrio entre la visión periférica y la visión central.
CONCLUSIÓN
El
gateo es la clave de operaciones cerebrales muy sofisticadas como la
lectura y la escritura y ofrece una gran oportunidad para sentar las
bases del proceso de lateralización (determinación de la dominancia
manual, ocular, auditiva y podal). Además, muchos problemas de fracaso
escolar tienen su origen en dificultades oculares de convergencia,
focalización y visión estereoscópica que unas buenas dosis de arrastre y
gateo pueden ayudar a corregir. Además, el gateo en edades más mayores,
puede ser un buen ejercicio corrector cuando ya han aparecido problemas
de fracaso escolar, mala lateralización, lesión cerebral, dislexias,
etc.
Mª Ángeles García Morán
Licenciada en Psicología Infantil y especialista en Estimulación Temprana